Se acercan los días santos de nuestra redención, Jesús se encamina a su Pasión y durante toda la Cuaresma hemos estado preparándonos para este momento clave en la vida del cristiano.

También los sentimientos cofrades se ponen “a flor de piel”; tras un bello Quinario y besapié de nuestro Titular y sobre todo la subida al paso de misterio en el tradicional “Domingo de Pasión”, sentimos que ya otro año más nuestras miradas quieren encontrase con ese rostro dulce enmarcado en el leño de la Cruz y la cálida mirada de nuestra Madre de la Soledad.

Todo ello sin olvidar el marco de un “Año Jubilar” que estamos celebrando con el título “Peregrinos de la esperanza”. La esperanza que es Cristo el Señor, como afirma san Pablo en sus cartas y que es el paradigma de nuestra fe cristiana.

En efecto, su Muerte redentora y su Resurrección, en cuyo Triduo Pascual vamos a profundizar y rememorar, es el faro de luz que alumbra todo el año litúrgico y cada acontecimiento de nuestra vida. La Palabra se hizo carne, no solo para que pudiera ser contemplada y escuchada de modo único, sino sobre todo para darnos vida, y Vida en plenitud. Porque Él mismo la ha entregado libremente.

Os deseo por tanto unos días llenos de intensidad espiritual, donde también reine la paz interior, si alguno no lo ha hecho aún, os recomiendo recibir el sacramento de la Reconciliación para que en la Noche Pascual, y toda la cincuentena pascual, culmen del triduo sacro, podáis uniros con Cristo, Vida nueva, Camino, Verdad y Vida.

Que los desfiles procesionales y nuestra estación de Penitencia concretamente, sean un verdadero acto de fe que enfervorice nuestra piedad y nos ayude a crecer como Hermandad.

Un abrazo a todos y mi bendición

Rvdo. Rubén J. Virués Gómez
(Director Espiritual)

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