Tanto la imagen del Cristo como la de la Virgen de la Soledad salieron en procesión de rogativas fundamentalmente por la escasez de agua y “la falta que esta hacía a los trigos” durante varias ocasiones a lo largo del siglo XVII. Tenemos constancia de estas durante toda esta centuria, así en 1615 y 1616 se llevaron hasta el monasterio de Santa María las imágenes de la cofradía en procesión de sangre, es decir con hermanos flagelantes.

La celebración de novenarios en honor de la Soledad es registrada por Frèdèrique Morand en sus trabajos sobre el Monasterio de Santa María e interpretado como un acercamiento entre las comunidades franciscanas.

En 1622 y debido al grave problema que sufrió la ciudad, fue la cofradía al completo a la Catedral también en procesión de sangre. El favor de Dios se imploraba en estas fechas a través de las imágenes que eran el consuelo de los fieles y se procedía a llevar gran número de luminarias como ofrenda, debido a que en esta época la cera era un bien preciado en exceso debido a la falta de luz. La consecución de estos favores hacía que las imágenes y las devociones que las representaban se considerasen milagrosas.

Las referencias al milagrosísimo Cristo de la Vera Cruz son múltiples a lo largo del tiempo, así como los favores conseguidos por intercesión de este.

Bibliografía:
García Portillo, Alfredo. Cádiz y la Santa Vera Cruz. Cádiz. 2023.
Morand, Frédérique. La nación nómada: los genoveses en Cádiz. Desde finales del XV
hasta mediados del siglo XVII.
Imagen: Rogativas. Acuarela de José María García Gallardo, perteneciente al libro Cádiz y
la Santa Vera Cruz de García Portillo, Alfredo. Cádiz. 2023

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