Santísimo Cristo de la Vera+Cruz

SANTÍSIMO CRISTO DE LA VERA+CRUZ

La imagen del Santo Crucifijo de la Vera-Cruz que en la actualidad venera la Hermandad como Titular no es la primitiva, ya que sustituye desde el año 1773 (fecha de su incorporación a la Cofradía) a otra efigie del Señor Crucificado. Esta antigua talla del Cristo, que aún conserva la corporación, procede de las Indias y se halla realizada en cartón piedra. Su precario estado de conservación obligó a la Cofradía a retirarla del culto.

Por su interés documental transcribimos los folios pertinentes del “Libro de Cavildos de 1768”, correspondientes al Cabildo del Viernes, 12 de Marzo del año 1773, que dice así:1

“En este Cavildo los Ssres Dn Antonio Sopranis y Conde de Río Molino manifestaron que el efecto de su convocación era para hacer presente a la Cofradía que el Sr Dn Juan de Figueroa a su costa y devoción havia hecho construir en Nápoles una nueva efigie del Ssmo Christo, de que hacia donación a la Hermandad, y era la que por disposición de dho. Sr está expuesta de manifiesto en esta sacristía para que vista por los Sres Herms concurrentes determinasen sobre su colocación y admisión lo convenientemente y enterados todos los dhos Ssres de los referido y dado cada uno de los concurrentes su dictamen, advirtiéndose que la antigua ymagen del Ssmo Christo, por su antigüedad esta tan deteriorada que quasi le falta aquella disposición con que en los tiempos pasados se veneraba, y totalmente imposibilitada de poderse poner en el paso y salir en procesión según se havia conferenciado en varios Cavildos y acordándose la formación de nueva imagen de Jesús crucificado, se acordó de conformidad admitía la donación que hace dho Señor Dn Juan de Figueroa del Ssmo Chrispto que esta presente y dho señor ha hecho venir de Nápoles; que este desde luego se coloque en el Altar y Capilla de la Herid. Para la Semana Santa próxima, para que a ésta única y singular imagen de Ntro Sr. Crucificado sea a la que se le tributen los cultos y adoraciones que se acostumbren por esta Cofradía y son devidos a la representación que significa: y mediante a que por el estilo de Italia o Romano en que está este Ssmo. Chrispto, sería regular hacerle algunos retoques a pincel, que lo adacten a la costumbre de este pueblo, en semejantes simulacros, encarga la cofradía a los Ssres sus diputados oficiales y consiliarios la disposición de que se ejecute y que hecho, la coloquen como queda dho. en su altar y Capilla, en lugar de la Ymagen de Ntro. Sr. Jesuchrispto que oy se venera en ella, ni en la Iglesia del Convento, en tiempo alguno, reservándose por ahora en el quarto interior de la Cofradía, para que por los mismos Ssres se de destino conveniente en otro paraje, sitio o lugar donde tenga culto y veneración la efigie antigua del Sr. de la Veracruz con lo cual se finalizó este Cavildo que firmaron los Ssres Diputados, el infrascrito Ssrio que assí lo certifico”

Antonio Sopranis/ Juan de Hermosilla/ Juan Vidal Texero

Como se puede comprobar por el acuerdo de este Cabildo y también por otros sucesivos, además de los testimonios escritos que nos dejaron varios historiadores contemporáneos a esos hechos, como Antonio Ponz, los hermanos de la Cofradía y sus devotos fueron muy reacios a la sustitución de la antigua imagen por la nueva, ya que se encontraba muy deteriorada por el material en que estaba realizada.2 A pesar del acuerdo de ese Cabildo, sabemos que se volvió a reponer en su altar, ya que los devotos no aceptaban el cambio. Sin embargo, transcurrido este período inicial de rechazo, parece ser que el nuevo Crucificado queda instalado ya en su retablo sin problemas hasta nuestros días, gozando de la devoción de los fieles y la admiración de los estudiosos.

La talla del Cristo sufrió daños de consideración en los disturbios del 11 de Mayo de 1931, en que se trató de derribar de su altar, sin que se consiguiera tal fin; no obstante las imágenes de Santa María Magdalena y San Juan Evangelista, que flanqueaban al Crucificado, así como la Virgen de la Soledad que se encontraba en su altar contiguo, corrieron peor destino, ya que fueron sacadas a la Plaza y quemadas junto a diversos enseres de culto. En las restauraciones llevadas a cabo en 1940 y 1983, se pudieron comprobar en la imagen los daños causados, tal como relata Álvaro Picardo en su Libro; en este sentido diremos que el Cristo al no poderse retirar del altar fue golpeado en sus piernas con unos candeleros, produciéndose incisiones en la madera con pérdida de la policromía.3

La imagen, aunque siempre consta que procede de Nápoles, es sin duda un error generalizado que se arrastra desde sus orígenes, en que todo lo que procedía de Italia se tenía por “napolitano”; en este sentido, diremos que recientes estudios llevados a cabo en torno a la Escultura Genovesa del Setecientos nos aclaran que se trata de una obra de origen Ligur. Por su interés, curiosidad, y belleza descriptiva, transcribimos los párrafos que le dedicó el historiador y hermano de la Cofradía Álvaro Picardo en su citada publicación, y que resume de una forma exacta y concisa cuanto se puede decir de la talla del Crucificado:

“Está clavada a la cruz con tres clavos y su actitud es la de la muerte. Deja caer a su derecha la cabeza, de la que penden tres bucles de talla. Tiene los ojos cerrados, la barba rizosa bifurcada, el labio inferior sin vello, el continente noble y sereno y toda la efigie respira majestad, sin estridencias ni exageraciones trágicas. Su actitud es de intenso realismo, coadyuvando a emocionar las múltiples huellas de su tremendo martirio. El paño de pureza, generoso de pliegues, flamea hacia la derecha, en un alarde de gracia y de movimiento.”

Como ya hemos reseñado, y si nos atenemos a la documentación existente, habría que asignar la paternidad artística de este crucificado a uno de los grandes maestros napolitanos de la segunda mitad del setecientos, como podría ser Giuseppe Picano, Sanmartino, o los Vaccaro, por nombrar a los más destacados de ese período. Así lo apuntó en su día el Dr. José Crisanto López Jiménez, en sus conocidos estudios sobre “La Escultura Mediterránea”;4 también otros estudiosos, como el Profesor González Isidoro siguieron en esa línea.5 Pero comparada la imagen con los crucificados napolitanos de esa época vemos que tiene escasa relación, tanto técnica como estilísticamente.

Tras su restauración en 1983, en donde se obtuvieron datos de suma importancia, con un detenido estudios, incluido el el radiográfico, así como la comparación con otras imágenes de crucificados genoveses, estudiadas “in situ” en la ciudad de Génova y alrededores han hecho variar radicalmente el rumbo de esas atribuciones. Así pues hemos de hacer hincapié en la enorme similitud, tanto estructural como artística, la policromía a pulimento de matices verdosos, e incluso las dimensiones de la talla, con los crucificados genoveses de Antón María Maragliano y su taller, el gran “caposcuola” de la escultura lígnea genovesa del setecientos. Nos encontramos evidentemente con una obra del entorno del célebre escultor genovés.6

Todas estas suposiciones se han visto confirmadas con la localización de un Crucificado en la Ermita de Santa Lucía de la ciudad ligur de Savona, con la que el crucificado gaditano guarda una enorme relación. El esquema general, su composición, el sudario, la policromía pulimentada de tonos verdosos, nos hablan del mismo autor, por ahora anónimo; esperemos que los archivos genoveses nos desvelen en el futuro al ignoto “maestro de la Vera-Cruz”.

JMSP


1Biblioteca Provincial de Cádiz. 94/152. “Libro de los Cavildos generales y particulares de la M. Ylustre Cofradía del Ssmo. Chrispto de la Veracruz, desde 27 de Febrero de 1768”, F. 13 vto. Y sgts.

2Castro y Rossi, Adolfo: Historia de Cádiz y su provincia. Cádiz. 1858, P. 47. Ponz, Antonio: Viaje de España. Madrid, 1792. Tomo XVII, C-7, Pp. 328-329.

3Picardo y Gómez, Álvaro: Datos sobre la Muy Ilustre, Antigua y Venerable Cofradía de la Vera- Cruz. Cádiz. 1946.

4López Jiménez, José Crisanto: “Escultura barroca italiana en Levante y Sur de España”. Boletín de la Real Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes. Enero-Diciembre. Nº 85. Año XXXIV. Córdoba, 1963. P. 94.

Idem: Escultura Mediterránea. Final del Siglo XVII y XVIII. Caja de Ahorros del Sureste de España. Murcia, 1966. Pp. 34 y 52.

5González Isidoro, José: El Cristo de la Vera- Cruz. En DIARIO DE CÁDIZ, 1986 (12 de Marzo). P.2

6Sánchez Peña, José Miguel: Proceso de Restauración (inédito).Cádiz. 1983. Idem: “La imaginería procesional de la Semana Santa de Cádiz”, en Semana Santa en las Diócesis de Cádiz y Jerez. Tomo I (Cádiz). Edit. Gemisa. Sevilla, 1988, P. 134.

Idem: Escultura genovesa. Artífices del Setecientos en Cádiz. Cádiz. 2006. Pp. 185-187.

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