Javascript DHTML Drop Down Menu Powered by dhtml-menu-builder.com
Nueva Evangelización y Religiosidad Popular

Entre la tradición y el futuro, el pueblo quiere vivir las mejores esencias de su identidad cultural. Lo religioso está en su alma. Con unos contrastes muy significativos; la mayor parte de la población se confiesa católica y, al mismo tiempo, con índices muy bajos de práctica religiosa dominical. Con multitudinarias manifestaciones religiosas externas, y escandalosos índices de pobreza y marginación. Con maravillosos templos, y sorprendentes carencias de estructuras adecuadas para el diálogo entre la fe y la cultura. Con numerosas cofradías y escasa participación en asociaciones y movimientos apostólicos. Con abundancia de signos religiosos, y más que señales de un anticlericalismo militante. (M. Carlos Amigo. Cardenal emérito de Sevilla).

PRIMERO: La credibilidad de la Iglesia, además de su rostro caritativo, debe ir acompañada del testimonio ejemplar de los grupos evangelizadores que se dan en su interior. Las cofradías, por fines estatutarios e identidad cristiana, se tienen que comprometer activamente en la promoción de la justicia y el apoyo a los más necesitados a través de las instituciones que viven en el marco eclesial: cáritas, manos unidas, cáritas parroquial, etc.

SEGUNDO: La iglesia, como decía Pablo VI, existe para evangelizar, es decir, para poner la vida y doctrina del Evangelio en todas las realidades humanas en las que nos podemos mover y teniendo en cuenta que la iglesia no existe para adaptarse al mundo, sino para evangelizarlo. Las cofradías, sin esta visión y sin este cometido, pueden convertirse en un elemento paralelo a los fines y proyectos de la misma iglesia. Una cofradía que no tenga acción evangelizadora, educadora y con proyección evangélica puede caer en un sincretismo religioso peligroso.

TERCERO: ¿Qué es una cofradía? ¿Una asociación de personas con unos objetivos más o menos inmediatos? ¡No! ¡Es mucho más! Debiera de ser una forma de entender y de vivir el Evangelio: con, por y en la iglesia. El esfuerzo del cofrade no sólo tiene que ser el físico, cultural, identitario o social. Debe de aspirar a más: a ser cristiano. A modelar su vida con aquello que dice defender, promover y mantener. Se puede dar el caso en que, una Hermandad, gire en torno a la veneración de unas imágenes pero que haya perdido el sentido y conocimiento del por qué y para qué se hicieron: el encuentro personal con Cristo (con María, los santos…) y la conversión personal o de conjunto al Evangelio.

CUARTO: " La religiosidad popular no solamente es objeto de evangelización sino que, en cuanto contiene encarnada la Palabra de Dios, es una forma activa con la cual el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo" (Puebla… 450). Urge, por tanto, afirmar el carácter religioso de la piedad popular. No podemos consentir que, fuerzas extrañas, nos roben este patrimonio inmaterial queriéndolo manipular desde una óptica secular, cultural, social o incluso económica.

Hay que aceptar el hecho, la extensión, la participación multitudinaria, la sinceridad de muchos, la ignorancia disculpable de otros, y la posibilidad de que Dios hable a todos. Es verdad que se puede distorsionar ese lenguaje divino. Habrá, pues, que estar atento y no cansarse de ayudar a descubrir la autenticidad del misterio en que se cree. Valores humanos y sociales, pero sobre todo incuestionablemente religiosos y cristianos, aunque sentidos y vividos en una identificación con las propias raíces religiosas y culturales, pero que nunca pueden reducirse a un simple fenómeno cultural, folclórico, intrascendente. (M. Amigo)

CONCLUSIÓN: El fin supremo de toda religiosidad popular es precisamente vivir los misterios centrales de la Redención de Cristo, cumplir sus mandamientos y dar testimonio de esa fé y de esa esperanza: La Resurrección.