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"UNA MUJER CON UNA CORONA DE DOCE ESTRELLAS" (Ap. 12,2)

Las apariciones de María a Santa Catalina Labouré que recordamos el día 27 de noviembre son una muestra más de las intervenciones de la Virgen en la historia de la salvación llevada a cabo por su hijo Jesucristo. Coronada como reina en el cielo, no por eso se ha olvidado de nosotros. La Medalla Milagrosa es otra muestra de su solicitud maternal por la humanidad.

"Ruega por nosotros que recurrimos a ti"

La redención de la humanidad encuentra sus hecho central en la cruz de Cristo. Todo en la vida de la Virgen María se orienta y sirve de apoyo a ese hecho redentor. Así aparece en el reverso de la medalla, con la cruz en el centro, apoyada en la M. Su vida entera está diseñada por Dios. Ella lo acepta libremente y así hace posible la encarnación del Verbo, su vida humana y su muerte redentora en la cruz.

En la primera aparición la Virgen le dice a Catalian: "Dios quiere encargarte de una misión." De eso sabía mucho ella misma, la Virgen María, pues todo lo que hizo en su vida no fue más que aceptar y cumplir la misión que Dios le había señalado, y que ella aceptó al decir: "Hágase en mí según tu palabra".

La misión de que habló la Virgen María a Catalina sería la Medalla Milagrosa. También a través de Catalina "hizo Dios maravillas" en la creación y difusión prodigiosa de la medalla. También Catalina, como María, es una humilde sierva, instrumento de Dios para curar a los enfermos y convertir y sanar a los pecadores.

Humilde sierva; esta vidente no llegó a la santidad porque vio a la Virgen María, sino porque le imitó. Le imitó en su silencio humilde. La primera de las tres apariciones tuvo lugar cuando contaba veinticuatro años. Nadie, fuera de su confesor, supo que era Catalian la que había visto a la Virgen María hasta después de su muerte a los setenta años.

Humilde sierva: una vida dedicada a servir día tras días, calladamente y con mucho amor, a ancianos pobres. Aún se conservan los cuadernos en que anotaba, con la letra tosca de quien había aprendido a leer y a escribir un poco tarde, las cantidades de leche que daba cada vaca del asilo de ancianos atendido por su comunidad de Hijas de la Caridad. Los ancianos que llegaban tarde a la residencia con más alcohol en el cuerpo de lo que les convenía, sabían que les abriría la puerta una hermana callada, que les llevaría a dormir sin decirles nada en el momento. Solo al día siguiente, pasada la resaca, les diría unas palabras para su bien corporal y espiritual. Esto hizo aquella vidente de la Virgen María desde los veinticinco hasta los setenta años. Por ese camino de imitación de la vida callada y dedicada a los de más de la Virgen María llegó a ser Santa Catalina Labouré.

Hay muchas maneras de ser siervos y siervas de Dios y de nuestros hermanos. ¿Cuál me ha tocado a mí? ¿Cómo la vivo?.

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