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María, madre de Cristo, madre de la Iglesia

La asunción de María al cielo es la coronación por parte de Dios de una vida dedicada eternamente a su Hijo y a su plan de redención de la humanidad. Vamos a meditar qué significa para nosotros la asunción y coronación de la Virgen María como Reina y Madre.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia

Reconocemos y veneramos a María como verdadera madre de Dios y del redentor; es también verdadera madre de los miembros de Cristo porque colaboró con su amor a que nacieran en la Iglesia los creyentes, miembros de ese Cuerpo cuya cabeza es Cristo. Esto nos hace hermanos de Cristo, por ser humanos como él, y porque tenemos una misma madre: "Ahí tienes a tu madre (Jn 19, 27), la misma madre de Jesús, que nos la dejó como en testamento.

El papel de María en relación a nosotros, a la Iglesia, brota de su relación con Cristo. Esta relación comienza con la encarnación y llega hasta la cruz, y aún más allá. El día en que nació la Iglesia de Jesús, el día de Pentecostés, allí estaba María junto con los apóstoles, como para decirnos que la que dio a luz a quien es Cabeza de la Iglesia da también a luz a la Iglesia, a los que hemos sido redimidos por su hijo y creemos en él.

La asunción de María en cuerpo y alma al cielo es un fruto de la resurrección de Cristo, y es también un ejemplo vivo de lo que nos sucederá a nosotros. De esta manera expresa esta verdad con hermosas palabras la liturgia bizantina: "En tu dormición (muerte) no has abandonado el mundo, oh madre de Dios; te has reunido con la fuente de la Vida, tú que concebiste al Dios vivo, y con tus oraciones librarás nuestras almas de la muerte" (En el día de la Asunción).

La Virgen María no es solo "bendita entre todas las mujeres"; es el primer ser humano que se somete del todo a la voluntad de Dios Padre ("hágase en mí según tu palabra", (Lc 1,6), para dedicar su vida eternamente a la obra redentora de su Hijo, y todo ello, desde la anunciación hasta Pentecostés y hasta su propia muerte, bajo la inspiración y el impulso del Espíritu Santo. Por eso se le puede llamar con toda justicia la primera cristiana, y la mejor. En su vida, muerte y asunción es "Madre de todos los hombres", de quien tenemos que aprender a ser seguidores de Cristo en la vida, en la muerte y en la resurrección.

Con razón veneramos a María como nuestra madre. ¿Tratamos de aprender de ella a ser, como ella lo fue, la sierva del Señor, dedicada en cuerpo y alma a ayudar a Jesucristo a redimir a nuestros hermanos, sobre todo a los más necesitados de redención?.

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