Paso de Cristo

EL PASO DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA VERA+CRUZ

Descripción del “paso” que tallaron y esculpieron los artistas sevillanos D. Antonio Martín Fernández y D. Manuel Carmona Martínez entre los años 1988 y 1993 en la ciudad de Sevilla y doró el artista sevillano D. Manuel Calvo Carmona entre los años 1994 y 1998.

Boceto del Paso, 1988

El paso del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz, está realizado en estilo rococó por ser el estilo predominante en el entorno en el que se encuentra y el de la cofradía desde tiempos atrás.

A continuación se describe con detalle toda la iconografía riquísima de la que consta este Paso que lo hace único en la Semana Santa de Cádiz teniendo toda ella una relación directa o muy estrecha con el origen al culto de la verdadera cruz.

Con esta descripción, la Hermandad de la Vera+Cruz pretende que toda persona que contemple el Paso tenga una información clara a medida que le da la vuelta, del significado de cada relieve y de cada escultura de todo el conjunto iconográfico.

Las cuatro tallas que van situadas en las esquinas del canasto son Santos relacionados con la pasión de Cristo. A excepción de la Magdalena, estos santos se hallan colocados bajo la cúpula de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, dando frente al Baldaquino de Bernini.

¿Y por qué la Hermandad elige esas Imágenes y no otras? Custodiando la tumba del primer Papa en la Tierra, San Pedro, se erigieron estas esculturas de Santos vinculados en cierta medida a la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, resguardando sus Reliquias. Si bien, aunque inicialmente cada Capilla custodiaba una de ellas, actualmente las Tres Reliquias Insignes están todas en la Capilla de la Verónica.

La Hermandad tan sólo prescindió, respecto a las que se encuentran en el Vaticano, de la Imagen de la Santa Mujer Verónica al entender que se relaciona más con el momento de la Pasión de Jesús con la Cruz al Hombro y no con el de nuestro Titular, esto es, Jesús muerto en la Cruz. De ahí que se escogiera en su lugar la Magdalena Penitente arrepentida.

Adentrándonos ya en la hechura de las esculturas vaticanas y su correspondencia con las que nos realizara D. Manuel Carmona en su taller de Sevilla, fueron encargadas por Urbano VIII (1623-1644) a raíz de las ideas arquitectónicas de Bernini, aunque finalmente el artista sólo llevase a cabo una de ellas.

La Capilla que acoge la Imagen de Santa Elena, contenía una parte de las reliquias de la Vera+Cruz, custodiadas originalmente en la Basílica de La Santa Cruz en Jerusalén, o Sessoriana, que según la tradición, la Emperatriz trajo de La Tierra Santa. Nos lo confirma también la inscripción: “Partem Crucis, quam Helena Imperatrix è Calvario in Vrbem adduxit, Vrbanus VIII. Pont. Max è Sessoriana Basilica desumptam, additis ara, et Statua, hic in Vaticano collocauit”. La Reliquia fue mandada trasladar a San Pedro en 1629 por Urbano VIII con ocasión de la Consagración de la nueva Basílica, y exactamente en el 1300 aniversario de la Consagración de la primera Basílica, la Constantiniana.

La escultura, de Andrea Bolgi (1605-1656), también llamado el ‘Carrarino’ nos retrae a la Santa como normalmente se la ve retratada en la iconografía, es decir, sosteniendo la Cruz.

La escultura de Longinos, el Legionario romano que atravesó con su lanza el costado de Cristo en la Cruz, es obra de Bernini y fue realizada entre 1628 y 1638. La Reliquia que se conservaba en esta Capilla era la punta de la Lanza, la Santa Lanza que atravesó el Costado de Nuestro Señor Jesucristo, como también nos confirma la inscripción: Longini Lanceam, quam Innocentius VIII. á Baiazette Turcarum Tyranno accepit, Vrbanus VIII. Statua adposita, et Sacello substructo, in exornatum conditorium transtulit”

Esta lanza pudo llegar a Roma en 1492, gracias a un ‘acuerdo’ entre el tirano turco Bayazid (Bayaceto) y Bonifacio IX. El Papa habría ‘retenido’ en territorio italiano al hermano del tirano, caído en manos de los cristianos, porque hubiera sido una amenaza al trono, y el favor habría sido recompensado con esta preciosísima reliquia.

La Imagen de Longinos que nos presenta Bernini no es el que hiere a Jesús, sino el soldado ya convertido; aquel que mirando a Cristo muerto en la cruz, dijo: “¡Verdaderamente este hombre era el hijo de Dios!”.

Ya no tiene ni coraza ni yelmo. Está lleno de dinamismo y teatralidad, aspectos estos, muy típicos del barroco y de su autor.

En otro de los pilares que sostiene la cúpula encontramos la cuarta Capilla de las Reliquias.

Aquí se custodiaba la cabeza de San Andrés Apóstol. La Reliquia ya no se encuentra en el Vaticano, porque fue devuelta por Pablo VI a Patrás, en Acaia, de donde había venido, para cumplir con una antigua promesa hecha por el Papa Pío II.

La inscripción recita: S. Andrea caput, quod Pius II. ex Achaia in Vaticanum asportandum curauit, Urbanus VIII. nouis hic ornamentis decoratum, sacrisue. statuae, ac Sacelli honoribus coli voluit”

La estatua es de Francisco Duquesnoy (1597-1643), también llamado el Flamingo. Vemos a un San Andrés representado con el instrumento de su martirio: la Cruz en forma de aspa.

La posición de esta escultura es similar a la de Longinos. Los dos Santos tienen los brazos abiertos, el torso desnudo, la mirada hacia arriba, con el peso del cuerpo apoyado en la pierna izquierda. Probablemente fue por indicación del mismo Bernini. Algunas de estas características las vemos también en la Santa Elena de Bolgi. Sin embargo, no respeta estos criterios la Verónica de Mochi, pudiendo ser esta la razón de la desaprobación berniniana.

Finalmente como ya hemos mencionado anteriormente, se sustituyó la marmórea Santa Mujer Verónica, una obra de Francesco Mochi (1580-1654), por la Magdalena Penitente  inspirada en la que realizara Pedro de Mena. En 1663, durante su estancia en Madrid, Pedro de Mena recibió el encargo de esta Magdalena Penitente para la Casa Profesa de Jesuitas de la capital, que realizó a su vuelta a Málaga en 1664 -según consta en las tres inscripciones de su peana-, inspirándose en otra escultura del mismo tema conservada, al menos desde 1615, en el convento madrileño de las Descalzas Reales y relacionada con la producción del maestro vallisoletano Gregorio Fernández. 

Partiendo de un modelo ajeno, Mena realizó una de sus creaciones más personales y una de las cumbres de la plástica hispana. Resuelta con esencial simplicidad, la figura se envuelve en una rígida estera de palma concentrando la expresividad en el rostro y las manos. En la que aparece en nuestro Paso, se sustituyó esa estera por una piel de cordero; demacrada por la penitencia, sumida en una dolorida reflexión se abstrae en un mudo diálogo místico con el Crucifijo que sostiene en la izquierda, mientras se lleva la derecha al pecho en un explícito gesto exaltación contenida. La extraordinaria calidad de la talla se completa con una magnífica policromía naturalista haciendo de esta escultura una de las que mejor reflejan la habilidad técnica de Mena.

El conjunto de relieves que rematan los Medallones principales del canasto (parte superior del Paso), describen el origen del culto a la verdadera cruz.

Santa Elena, madre del emperador Constantino, después de que su hijo obtuviera la victoria de puente Milvio (año 312 d.c.) fue a Jerusalén y ordenó las excavaciones para descubrir la cruz donde había sido ejecutado Jesucristo. Derribada una estatua de Júpiter y un templo de Venus que el emperador Adriano había mandado construir sobre el calvario, aparecieron varias cruces, siendo reconocida la de Cristo porque al contacto con una difunta esta volvió a la vida , esto sucedió en el año 335 d.c.. Se dividió en tres trozos, uno fue a Roma a la iglesia de Santa Cruz de Jerusalén. El segundo trozo a Constantinopla y el tercero se quedó en Jerusalén.

Robado por los persas (el trozo de Jerusalén), en tiempos del rey Corroes, fue recuperada y devuelta por el emperador de Oriente Heraclio catorce años después (en el 628 o 629). Entraba solemnemente el emperador Heraclio en Jerusalén con el madero, cuando le detuvo una fuerza irresistible, pudiendo continuar con el trozo de la cruz solo cuando se despojó de sus vestiduras, calzados y atributos reales, como le aconsejó el obispo de Jerusalén, Zacarías.

Las capillas laterales del canasto están rematadas con cuatro ángeles pasionarios, sirviendo de escolta de Medallones principales del canasto y peanas de esculturas mayores de las esquinas, un conjunto de 16 ángeles querubines.

 

En los respiraderos laterales, encontramos representada a Nuestra Señora en escenas de la Piedad y la Soledad en sendos relieves. En el trasero el abrazo de Cristo en la Cruz a San Francisco de Asís (por nuestro origen franciscano), llevando en el frontal el Triunfo y Adoración de la Santa Cruz, contemplando la escena unos arrodillados Santa Elena y su hijo Constantino.

Visita al Taller. Calvo “hijo”, NHD Luis M. Barbosa, Calvo “padre” (dorador), D. Antonio Martín (q.e.p.d.), Manuel Carmona (imaginería) y NHD Melquíades Brizuela (q.e.p.d.). Foto: Archivo Ricardo Galindo.

El 25 de marzo de 1993 se realizó un ensayo de la Salida del nuevo paso previo al Lunes Santo

Lunes Santo de 1996, la Excma. Sra. Alcaldesa, el tallista Antonio Martín y nuestro Hermano Mayor, NHD Melquíades Brizuela Carceller

JMSP

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