Notas para la Historia de la Cofradía de la Vera-Cruz en Cádiz (1632 – 1635)

Al ejemplar archivero de la Archicofradía

de la Columna Don Enrique Hormigo.

Deseo que estas notas sirvan como un ejemplo más de las posibilidades que proporcionan los libros de mayordomía de las cofradías para el conocimiento histórico, no sólo de estas instituciones, sino también del arte, la cultura, las costumbres, etc.

En el Archivo Diocesano de Cádiz se conservan ocho folios que debieron pertenecer a un libro de recibos de la mayordomía de la Cofradía de la Vera Cruz: las anotaciones son originales y están firmadas, por lo que al interés de sus noticias se une el valor de los autógrafos de los personajes importantes que vamos a conocer. Vinieron a este archivo después de haber pasado por la aprobación del Vicario General. Estos folios sueltos, sin embargo, serán más que suficientes para hacernos una idea de lo que fue la Cofradía en el segundo tercio del siglo XVII.

La Cofradía de la Vera Cruz era en aquella época, y lo sigue siendo hoy, en Cádiz, una de las más antiguas: Agustín de Horozco la cita en la primera redacción de su Historia de Cádiz, en 1591, con la de San Telmo, ambas existentes entonces en el monasterio, como se decía entonces, de San Francisco.

La Cofradía contó de 1632 a 1634 con un mayordomo emprendedor y generoso, Domingo Fernández Berguero, que adelantó todos los reales que hicieron falta: gastó en estos tres años, en que estuvo a su cargo la mayordomía, 9.194 reales, es decir, 5.339 de mejoras y el resto de gastos ordinarios. La equivalencia con la peseta de 1973 sería de unas 350.000, calculando el real a algo más de 37 pesetas. Para aligerar el texto, vamos a prescindir de ir señalando a cada paso los reales. Es de destacar que al anterior mayordomo le sucedió Pedro de León, que no se salió de los gastos corrientes.

Albañilería

La Vera Cruz disponía, y dispone hoy, de capilla propia, donde se tributaba culto al Cristo y a la Virgen. Probablemente necesitaba una buena reparación, que la llevó a cabo en 1632 el maestro albañil Francisco de Escalada, cobrando la suma de 2.300 reales. El documento no especifica lo que hizo entonces. Ese mismo año construyó un nicho de yeso y limpió y dio con aceite a las rejas de la capilla. Al año siguiente, reformó las ventanas de la misma el también maestro albañil Andrés Ramírez.

Retablos y carpintería

Alejandro de Saavedra, maestro ensamblador de gran fama y a quien debe Cádiz los mejores retablos de sus iglesias, como los de Santa Cruz, el Pópulo y Santiago, hizo dos sobrerrejas, un altar y banquillo para el Cristo, y asentó el retablo de la Virgen haciéndole una caja en medio, todo en el año 1632. Construyó además unas puertas y cuartones para una casa que tenía la cofradía en la calle Comedias. En 1634 hizo un cajón o funda para guardar el sagrario, donde se sacaba la reliquia de la Santa Cruz, y unas gradas que se ponían delante del altar para el Santo Cristo el jueves santo.

Pintura y dorado

El pintor Diego de Cuevas pintó y doró las cruces de las rejas, atriles, cuadritos y altares, puso de verde y oro el cajón y puerta del sagrario de la reliquia, y pintó tres romanos, dos a cada lado y uno debajo del Cristo. Al año siguiente de 1633 doró y dio color a la canastilla y a cuatro varas, y a la vara del pendón. En 1634 completó el trabajo del paso y arregló las diez alcancías.

Platería

A Juan del Águila, maestro platero, se le pagó el arreglo de la taza con que se pedía por las calles.

Tejido

A Juan Filibaut se le compró una pieza de esterlín negro para ponerla en las gradas donde se colocaba el Cristo el jueves Santo.

Cera y aceite

A Isabel de Medina se le abonó el gasto de la cera y del alquiler de las antorchas de la procesión del jueves santo, en 1633 y 1634. A fray Agustín Moreno, el de la cera y aceite de la función del mismo día. A Juan Cerrudo, el gasto del aceite de la lámpara de la capilla y su salario de cuidarla.

Gastos de fiestas

Las fiestas que celebraba la cofradía por su titular eran tres: en 3 de mayo, la Invención de la Cruz, que era de guardar. Esta celebración tenía entonces, en Cádiz, resonancia popular, como todavía hoy sucede con las cruces de mayo, por ejemplo en Granada. A las vísperas, procesión, misa y sermón, el mayordomo añadió en 1634, para más esplendor de la fiesta, fuegos de artificio y luminarias a cargo de Jácome Pérez, y danzas, al de Martín de Zamora. Las otras dos fiestas eran la del Triunfo de la Cruz, en el 16 de julio, y la de la Exaltación, en 14 de septiembre, con vísperas, misa y sermón por los hermanos vivos y difuntos. La función y procesión de disciplina del jueves santo causaban gastos importantes: ministriles, coro y padres cantores, y antorchas. Estos recibieron como gratificación por el acompañamiento de 1634, aparte del dinero en efectivo, 2 carneros y 18 libras de colocación. Este mismo año se estrenaron un guion verde y rosado, y cincuenta escapularios verdes. La fiesta de los difuntos incluía vigilia, misa con música y sermón. Todos los viernes del año se celebraba una misa cantada por los hermanos difuntos. A la  muerte de algún hermano, se hacían sufragios: en 1633 se mandaron decir 2 misas cantadas por Juan de Azufre, pagador general de la ciudad de Lisboa. Al año siguiente, se ofreció una misa cantada por el alma de doña Clara, difunta, que dejó de limosna una saya a la imagen de la capilla.

Otros gastos

Además hubo que pagar todos los años al colector de la Santa Iglesia Catedral Francisco Ruiz Carrión los derechos de los curas, diez capellanes, cruz y fábrica por el acompañamiento de la procesión del jueves santo; 3 memorias y otros gastos, al guardián Fray Pedro Almonte, y lo que había tocado a la cofradía en el reparto de la gracia del Subsidio en 1634, al receptor Juan de Tabira.

Conclusión

¿Qué queda de todo lo mencionado arriba? La primitiva capilla, cuya antigüedad debe remontar a los años casi de fundación del convento de San Francisco en 1566, estuvo en lo que hoy es la sacristía. En 1579 pasó al sitio actual, en la nave del sagrario. La imagen del titular era de pasta, modelada en Indias. Tal vez sea la que hace unos años estaba en la escalera interior del convento, junto al altar mayor; en 1773 fue sustituida por la que actualmente se venera, regalo de D. Juan Gómez de Figueroa, que la mandó traer de Nápoles. El paso del tiempo y el saqueo de la iglesia y convento del año 1931 destruyeron buenas piezas, que hubieran podido identificarse ahora.

Que estas líneas sirvan de aliento a los hermanos archiveros de las cofradías, para que prosigan defendiendo del polvo, la humedad, los insectos y la rapiña de los coleccionistas los tesoros documentales a ellos encomendados.

Pablo Antón Solé

Archivero diocesano y catedralicio

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