Entrevista a NHD Francisco Jiménez Salguero

NHD Francisco Jiménez Salguero (Cádiz, 1957), ha sido, es y será el Hermano Mayor que supo abrir a sus hermanos una nueva forma de entender la Caridad en la Hermandad. Corrían los primeros meses del recién estrenado s. XXI. Y como si de un cambio de ciclo se tratara, Paco se adelantó a su tiempo y cambió la visión que hasta entonces se tenía de la Caridad en la Hermandad. Quimera para unos, escepticismo para otros u apoyo unánime fueron las primeras piedras de toque de un Programa a desarrollar con niños a más de 4000 kilómetros con unos trámites burocráticos que se escapaban más allá de la actividad diaria de cualquier Secretaría de cualquier Hermandad. ¿El resultado? Este año el Programa de Acogida ha alcanzado su mayoría de edad. 18 años que se dicen rápido y pronto. Con más canas pero las mismas ganas. Primer espada entonces y en un lugar más discreto ahora, no podemos negar lo que Paco ha aportado en la Hermandad, hablando siempre en términos de Caridad. Él es el “padre” de todo esto. Cádiz es Bielorrusia con menos frío. Bielorrusia es Cádiz con frío cubierto de amor. Agradecido con quienes siguen o con los que una vez estuvieron y se marcharon. Todos han hecho grande el Programa. Hemos podido charlar con él. Y esto fue lo que nos dijo:

  • Paco, 18 años cumple el Programa de Acogida, y parece que fue ayer ¿verdad?

Parece que fue ayer, pero no tanto, porque han sido 18 años pero cada uno con sus peculiaridades, sus problemas, satisfacciones y alegrías.

  • ¿Cómo surgió la iniciativa?

Conocí por la prensa del desarrollo del Programa, que se estaba realizando por primera vez en la Hermandad del Cachorro. Nosotros ya habíamos decidido encauzar la Bolsa de Caridad hacia la infancia, especialmente la desarrollábamos con los menores acogidos por las hermanas del Rebaño de María y vi la posibilidad de realizar plenamente esta misión con los niños bielorrusos.

  • Acababas casi de aterrizar en el cargo de Hermano Mayor, de hecho llevabas dos años de mandato, ¿cómo lo expusiste a tu Junta de Gobierno y que reacción recuerdas?

Al principio, casi todo lo llevé prácticamente en secreto, no lo sabía ni mi mujer. El primer gran apoyo, lo tuve de nuestro querido Padre Salido (q.e.p.d.), a quien le sorprendió la idea gratamente. Después de los primeros contactos, como se hacía antiguamente, por carta, con los responsables del Programa en el Cachorro, se expuso a la Junta de Gobierno y con gran sorpresa, incredibilidad y dudas, se me encomendó que siguiese trabajando en ello. Pero fue una visita de miembros de la Hermandad sevillana a nuestra Casa de Hermandad, la que terminó de convencernos para seguir adelante.

Nosotros pensamos en comenzar con diez niños, pero tal fue la insistencia y ánimos de nuestros visitantes que insistieron en que fuesen veinticinco y así fue.

  • Podemos relatar, para quien no lo sepa, aquel viaje a Sevilla a una primera reunión informativa sobre el Programa de Acogida ¿puedes recordarlo?

Nos invitaron a una Conferencia sobre el tema que se iba a desarrollar en la Casa de Hermandad de El Cachorro y al término de ésta, nos dirigimos a ellos. Se llevaron una grata sorpresa, pues no sabía que habíamos ido a dicha Conferencia. Desde aquel momento se ofrecieron de todas las formas posibles y cada uno de ellos para colaborar con nosotros para lo que necesitásemos.

  • Hasta entonces, la Caridad en la Hermandad se remitía a ayudas puntuales a los hermanos y necesidades que se demandaban de entidades o asociaciones. Con el Programa de Acogida hubo un antes y un después en la Caridad en la Hermandad. ¿estás de acuerdo?

No sólo en nuestra Hermandad, si no en todas las de Cádiz, pues nunca se había desarrollado una Obra Social de esa envergadura y complicación por las Cofradías de Cádiz.

  • ¿Qué recuerdas de aquel primer verano cuando llegaron a Madrid esa primera treintena de menores rubios y ojos claros?

Increíble en toda la extensión de la palabra. Hasta que no los vimos aparecer todos en un bloque controlados por Natasha, la Monitora que les acompañaba, con sus caras desaliñadas y pálidas, no nos lo pudimos creer.

Recuerdo que antes que los nuestros, aterrizó un grupo de niños saharauis. Allí había familias para recibirlos y cámaras de Telemadrid, pero al abrirse las puertas, aparecieron los nuestros. Todos empezaron a aplaudir y yo corría hacia ellos diciendo: ¡que no, que no, que son los nuestros! Fue verdaderamente emocionante.

Aún cuando lo recuerdo, me sigo emocionando.

  • ¿Hubo complicaciones? Falta de adaptación, problemas afectivos…

Lógicamente, el mayor problema fue el idioma. Los niños se ponían nerviosos al no poder expresarse y entenderse con sus familias, a pesar de tener todas una guía con las traducciones de la frases más usuales y el apoyo de la Monitora, que estaba todo el tiempo socorriendo a unos y otros. Hubo también algún otro problema de salud y de uno en particular, del que no tengo buenos recuerdos, pero que gracias a Dios, se solucionó.

  • ¿Fueron muy complicados los trámites burocráticos?

Bastantes, pero todas se fueron superando día tras día por nuestro equipo, que se convirtió en un verdadero equipo burocrático a nivel internacional.

  • ¿Se recibían ayudas externas?

El primer año le presentamos el Proyecto a Don Rafael Román, entonces Presidente de la Diputación de Cádiz. Sin duda su compromiso para con el Programa fue determinante, pues nos ofrecía el revulsivo que necesitábamos económicamente para seguir adelante. El resto fue mucho trabajo comprometido e ilusionado para poder llevar la Acogida a cabo.

  • A parte de “padre” del Programa de Acogida, has sido también hasta en dos ocasiones Padre de Acogida, ¿puedes contarnos tus sentimientos, tus vivencias?

Las dos hijas que he tenido acogidas en la familia, se han sentido así, en familia, con amor correspondido. La verdad que en nuestro caso hemos tenido mucha suerte, pues nunca ha habido problema de ningún tipo. La primera está casada, trabajando y con un hijo y lo más importante, con buen estado de salud.

Éste es el sexto año que la segunda niña está con nosotros y disfrutando todos los días de acogida.

  • ¿Ha cambiado mucho el Programa en estos 18 años?

No tiene nada que ver con los primeros años. Ahora los niños están en constante comunicación con sus familias en Bielorrusia a través de los medios informáticos y Whatsapp. Para todos es una tranquilidad. Antes muy pocos tenían teléfonos en sus casas y la comunicación era misión casi imposible y eso tenía consecuencias y llantos.

  • Uno de los momentos más especiales fue la conmemoración del X Aniversario del Programa de Acogida, con exposiciones y conferencias de gran calado. ¿sería interesante, en ocasiones, realizar este tipo de actos para seguir concienciando a la gente?

Fue un gran momento para dar a conocer el Programa pero la verdad es que tuvo poca repercusión para los intereses que se perseguían. Pensamos que se podían unir mas familias y entidades pero no fue así. Sólo estaban con nosotros la Comunidad Parroquial de San  Lorenzo y la Asociación “Aguaores Blancos”.

De todas formas, en esos años, el Programa de Acogida estaba en todo su esplendor. Pero sí, siempre es bueno informar a los que puedan estar interesados.

  • Sabemos que viajaste a Bielorrusia con tu mujer y algunos hermanos, ¿Qué tal la experiencia?

Fue maravilloso. Pudimos visitar en sus casas a muchos de los niños que recibimos. Pudimos comprobar su forma de vida y la gran necesidad que padecían en todos los sentidos. Lo más grande que nos trajimos fue el gran agradecimiento y cariño de sus familias e incluso de sus vecinos y nos contaban qué hacían con el dinero que llevaban los niños a su regreso para mejorar su forma de vida diaria. Nos comentó una familia que con el dinero que había recibido de la familia española, habían comprado una vaca, ya tenían leche a diario para poder tomar y el resto la vendían a sus vecinos. Otra familia había comprado un carro y las hortalizas que recolectaban en sus huertos ya las podían transportar al pueblo más cercano para venderlas. Eso son otros beneficios colaterales para los niños.

Fue una gran experiencia que constató la labor que se realiza con ellos.

  • Hace tres años, conmemorando el 450º Aniversario de la Hermandad, el cortejo de la Procesión Extraordinaria contó con la presencia de los menores bielorrusos que ese año conformaban el Programa, ¿supongo que sentirías especial emoción y orgullo, no?

Fue emocionante verlos formando parte de una celebración tan importante para nosotros, y ellos iban orgullosos como unos hermanos mas con letras mayúsculas.

  • Desde tu experiencia como Padre de Acogida, ¿qué le dirías a quien tuviese dudas o se estuviese planteando acoger a alguno de esto menores?

Ante todo, el convencimiento de toda la familia de lo que van a hacer. No todos los niños son iguales, algunos son mas fríos al principio y otros mas cariñosos pero es una experiencia de amor para toda la vida. No sólo les beneficia a ellos, también a nosotros y a nuestra familia.

  • Para finalizar, ¿algo más que quieras decir sobre el Programa a los hermanos y al público que nos lee?

A los hermanos, cariñosamente y con respeto, un tirón de oreja. Han sido muy pocos los que a lo largo de los 18 años se han atrevido a ser Familias de Acogida. Otros directamente nos han criticado pero los resultados son evidentes en todos los sentidos, pues somos la Hermandad mas reconocida por su labor social por muchas entidades de Cádiz.

Creo que hay familias dispuestas a acoger en Cádiz. Ésto durará mientras la Hermandad tenga a bien continuar o no con el Programa de Acogida y Saneamiento de estos niños. Miles de ellos os están esperando para darles esa oportunidad.


Francisco Jiménez Salguero, “Paco Jiménez”, es persona relacionada rápidamente en el mundo cofrade con nuestra Hermandad de la Vera+Cruz. Farmacéutico de profesión, está casado con NHDª Maribel Barragán. Es padre de dos hijas, las también hermanas de la Cofradía Ana Isabel y Elena. Es también, desde hace poco, abuelo orgulloso de la pequeña Valentina, a la que tuvo en sus brazos cuando llevó a cabo ese rito de legar de generación en generación el imponerse la medalla de nuestra Muy Ilustre Hermandad. -El día de mañana, Valentina, cuando tengas más consciencia, sabrás todo lo bueno que tu abuelo hizo en la Hermandad-. Vinculado siempre a la familia franciscana comenzó de monaguillo ataviado con su hábito marrón en la Cofradía hermana del Nazareno del Amor. Niño inquieto de los grupos parroquiales del Rosario, San Francisco y su Plaza siempre fueron como su segunda casa. De hecho, su padre regentaba una Barbería en una de las esquinas de la misma. Sus primeros recuerdos en la Hermandad los revive como Cargador de Nuestra Señora de la Soledad, en aquellos primeros años de la reorganización y creación de las primeras Cuadrillas de Hermanos. Pudo llegar a ser Capataz… pero eso es una “anecdótica” y graciosa historia que podríamos dejar para una segunda parte. Miembro de Junta casi  ininterrumpidamente llegó a ocupar cargos de Mayordomo 2º y más tarde 1º antes de llegar en 1998 a ser Hermano Mayor en un periplo que duraría hasta 2006. Adalid en “batallas” en Plenos de Hermanos Mayores como la supresión de la figura del Hermano Mayor en la Tribuna Presidencial. Podríamos seguir hablando y no terminaríamos nunca. Eso sí, hermano ejemplar siempre al lado de su Hermandad y crítico con aquello que no le gusta porque sobre todo, le duele como a un hijo más. Para nosotros siempre será el Hermano Mayor que nos enseñó ese camino no siempre visible de la Caridad en la Hermandad. Es Paco Jiménez: un hermano. Un Amigo. La Vera+Cruz.

Compartir